MILAGRO ROMANO

Romano

UN MILAGRO ROMANO

 * *Una bella joven protestante, con un romano católico casada

a amar las verdades de la Biblia había sido enseñada.

El corazón del esposo estaba muy agraviado 

por negarse ella a aceptar de la madre iglesia el legado. 

Con halagos la amonestaba el esposo de día a día.

Pero ella a ídolos de madera arrodillarse no podía.

Tanto la misa como la ostia sólo servían para engañar,

y el milagro de la transubstanciación era muy duro de tragar. 

Él decidió ir a ver al sacerdote con su tema tan amargo

?Mi esposa es una hereje, padre ¿puede usted ayudarme en algo?

Para todos los milagros romanos ella es muy adversa,

pero si obrara usted un milagro, quizás eso la convierta.

El sacerdote fue con el esposo, creyendo poder ganar un gran despojo.

?La convertiré, dijo, y se le abrirán los ojos. 

Al llegar a su casa el esposo así gritó:

?¡El sacerdote a cenar con nosotros ha venido, querida!

?¡Bienvenido el sacerdote, contestó ella enseguida! 

Cuando al fin terminó la cena, el sacerdote a la joven comenzó a enseñar

del hombre la triste condición, la grandeza del amor de Dios,

y porqué a la madre de Dios y a los ídolos debemos adorar. 

*?Regresaré mañana, hija, prepare usted el pan y el vino,

y el sacramental milagro tu alma rescatará.

?Hornearé el pan, dijo la esposa.

?Cuando veas este milagro, él contestó,

convencida quedarás, te lo aseguro yo. 

Al siguiente día el sacerdote regresó, y al pan y al vino echó su bendición.

?¿Está el pan ya substanciado? la joven preguntó.

?Claro que sí, hija mía, al pan y al vino ya Dios bajó.

De simple pan y simple vino, a carne y sangre ya Dios los cambió.

¡Grande este poder mío, he hecho del pan un dios! 

Cuando iban a tomar la comunión, dice la joven al sacerdote:

?Le ruego tenga cuidado, pues media onza de arsénico a la masa he agregado,

pero si la naturaleza del pan usted ha cambiado

entonces no habrá peligro, tomemos lo consagrado. 

El sacerdote se tornó pálido como la muerte,

y su respiración se hizo fuerte.

El pan y el vino por el suelo rodaron.

¡Traed mi caballo, gritó el sacerdote, esta casa es perdición!

Márchese, contestó la esposa, es usted el que lleva de Roma la maldición! 

Luego dice el esposo, muy aturdido:

?Oh amada mía, el sacerdote ha huido.

Tragarme yo falsos milagros no es broma,

junto contigo renuncio a las necias fábulas de Roma. 

 

Autor desconocido

Debido a que esta poesía es una traducción del Inglés al Español,

la rima quizás no sea muy acertada, pero el mensaje sí lo es.

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