El simbolismo metáfisico de la Lechuza

 

La lechuza -como el búho- es un animal nocturno que tiene un simbolismo ambivalente: temidas por muchos –por ejemplo, por la civilización china- por asociar estas aves con la oscuridad, la soledad, el frío y la melancolía, son consideradas por otros un tótem que ayuda y protege durante la noche, en las fases de oscuridad…  Sea ésta física o espiritual.

Está claro que me encuentro entre los segundos, entre los que asocian al ave con Atenea, diosa protectora de los héroes, fértil inspiradora de las artes y de los trabajos de la paz.  La diosa que fecunda como la lluvia e ilumina como el sol, es representada a menudo bajo la forma de una lechuza.  Capaz de ver donde el resto sólo percibe oscuridad, esta ave hace referencia al conocimiento de lo oculto, de lo que no resulta evidente, de lo que pasa desapercibido a los demás, de nuestras profundidades más sombrías, de nuestro inconsciente…  La que es capaz de ver donde el resto están ciegos.

Pero hay otro aspecto del simbolismo de la lechuza que menciona Guénon y que, por su importancia, no podemos pasar por alto: la lechuza es un animal nocturno…  Vinculado, por tanto, a la luna.  Ésta es la iluminadora de la noche…  Por reflejo de la luz del sol que permanece oculto.  El sol simboliza a la luz que procede directamente del Creador, mientras que la luna se asocia al reflejo de lo divino en lo creado, a la propiedad simbólica de la creación, a la posibilidad de la mente racional de captar un indicio de Dios y ascender, mediante una hermenéutica adecuada o una gracia especial, a su directa contemplación.

Es, por tanto, la lechuza una buena compañera de viaje porque en nuestro camino todos pasamos por fases de oscuridad…  Y no sería bueno que nos perdiéramos en medio de la noche.  Adecuemos nuestra mirada para percibir la luz en cuanto nos rodea, para ver con claridad nuestras sombras, para ser capaces de ver el rostro del Creador en toda su obra…  También en nosotros mismos…  Sólo así seremos capaces de iluminar nuestra vida y la de nuestros seres queridos, no sólo con la refleja y fría luz de la luna sino con el calor y el amor que nacen de un corazón contemplativo.

Mirada de lechuza.

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