Los sueños infantiles

El contenido manifiesto del sueño suele ser una representación distorsionada del contenido latente del mismo, debido a la intervención de distintos mecanismos que tienen lugar en la mente del sujeto y que se oponen a la expresión directa de los deseos inconsciente, en particular los mecanismos de represión o censura.

Sin embargo, Freud reconoce que en los niños pequeños (menores de cinco años) suelen presentarse los sueños como realizaciones de deseos de manera directa o al menos con menor distorsión defensiva. En el caso de niños pequeños no suele ser necesario el uso de la interpretación mediante la asociación libre; y es mejor preguntarle al propio niño o a los adultos significativos por sucesos transcurridos en el día anterior del sueño, relacionándose esto con la reacción de la mente inconsciente del niño a este suceso.

Por ejemplo, Freud, relata el sueño de un niño de veintidós meses es encargado de ofrecer a un tío u cestillo de cerezas, muy a disgusto, a pesar de las promesas de que podrá, en recompensa, probar la fruta ofrecida. Al día siguiente cuenta de que se comía todas las cerezas.

 

Otra niña de tres años había hecho durante el día su primera travesía en barco a un lago, que debió de parecerle corta, pues al desembarcar rompió en llantos. A la mañana siguiente contó que por la noche había soñado que navegó por el lago largo rato, sin que nadie le interrumpiera.

Esto hace pensar que los sueños infantiles tiene un sentido, y que en ellos el contenido manifiesto y latente parecen más similares que en los adultos. El sueño infantil es una reacción a un suceso del día anterior que deja tras de sí un deseo insatisfecho, y que trae consigo la realización directa y no disfrazada de ese deseo.

A partir de los sueños infantiles, Freud concluye que el sueño es el guardián del reposo, en el sentido de que instauran la realización de un deseo que excitó al sujeto en el estado de vigilia. Esa realización fantaseada y alucinatoria, permite al sujeto protegerle de la excitación y proseguir el descanso y reposo del dormir, al permitirle al menos una satisfacción “alucinada” de su deseo.

En todos los demás sueños, de niños mayores y de los adultos, la deformación del contenido manifiesto del sueño, tal como se nos aparece en su secuencia y relato constituye una deformación defensiva de los deseos inconscientes, de su contenido latente. En los adultos mediante la asociación libre se revela los deseos inconscientes que habían permanecidos ocultos y censurados.

 

Los protagonistas de los sueños infantiles suelen ser fantasmas, monstruos, ogros…. Unos personajes tenebrosos, sin duda, pero que reflejan sus miedos y conflictos diurnos. Nosotros sabemos que no es más que una pesadilla, pero para los niños es algo verdadero y real y lo viven como tal. Por lo tanto, no es extraño que no quieran volver a la cama y mucho menos dormirse, ya que sus perseguidores siguen allí, escondidos, al acecho.

Los miedos forman parte de la evolución infantil y pueden manifestarse de distintas formas según la edad.  El proceso que lleva a los niños hacia la independencia de sus padres es un camino difícil y a menudo desconcertante, pues no avanza siempre en línea recta. Por momentos, ellos necesitan desligarse de la pollera de mamá y, por otro lado, no pueden prescindir de ella y de su apoyo.

Además, a un pequeño en edad preescolar, no le resulta tan fácil sacar sus temores fuera como lo hace un bebé que chilla y llora hasta que alguien acude a calmarlo. Muchas veces, los problemas que los angustian durante el día afloran por la noche, en sus sueños, convirtiéndose en auténticas y desagradables pesadillas.

 

Pero, ¿qué tienen que ver los monstruos y los fantasmas con todo esto? Por muy extraño que parezca, la mente infantil se siente muy cerca de todo tipo de figuras fantásticas. Por lo tanto, no nos debe sorprender que proyecten en dragones y ogros su miedo a los adultos, o bien a situaciones difíciles. Las fauces de un animal feroz, por ejemplo, pueden muy bien representar a una madre dominante que no deja espacio vital a su hijo que está intentando independizarse. Esto, evidentemente, no significa que, cada vez que los niños sueñen con osos o cocodrilos, los padres deban sentirse culpables.

También puede ser que el cocodrilo que, afortunadamente, no consiguió atrapar a la pobre princesa en el juego del jardín, se esté metiendo en sus sueños para seguir desde allí su persecución. Lo mismo vale para el lobo de Caperucita o el dinosaurio de la película de la tele.

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