Domovoi, guardián del hogar

Al calor de los hogares ucranianos vive el Domovoi, guardían y protector de la casa y sus habitantes. Su fin es proteger a las familias de males y posibles catástrofes, pero hay que tener cuidado, su carácter temperamental puede traer problemas. Si un Domovoi se enfada, el dueño de la casa puede estar seguro de que el gafe y la mala suerte se cernirá sobre toda la familia.

Los Domovye son criaturas pequeñas, del tamaño de un niño, con pies de cabra, pantalones rojos y un sombrero picudo y largo. Hay quien dice que tiene todo el cuerpo cubierto de pelo, otros sólo señalan que lleva una barba larga y gris. Algunos dicen que tiene cola y cuernos.

Cada casa tiene un Domovoi, que ocasionalmente hace tareas domésticas por la noche, mientras la familia duerme. Para agradecérselo, suele dejársele leche o galletas. Se cuenta que su lugar favorito es junto al fuegoo bajo la estufa.Sin embargo, si en la casa hay un establo, dormirá allí. Si el dueño tiene animales, especialmente caballos, cuidará de ellos aun a costa de molestar a los de los vecinos. Le hará trenzas en las crines y se encargará de que estén bien alimentados, pero si no le gustan, les hará sufrir.

Para los ucranianos, su presencia es sinónimo de armonía en el hogar y por ello tratan de atraerlo. Cuando una familia entra a vivir en una casa nueva, puede atraer a un Domovoi colocando un trozo de pan debajo de la estufa. En Rusia sin embargo, donde también existe la tradición de los Domovye, en lugar de pan se coloca un zapato o una bota vieja para asegurarse la protección del espíritu. La fama de glotón del Domovoi no acaba aquí, pues según se dice, cuando está enfadado la única forma de aplacarlo es colocando pan salado envuelto en una servilleta blanca cerca de su escondrijo. Si se coloca un pedazo de lino en la habitación donde suele dormir, significará que la familia le está invitando a compartir su comida. Incluso cuando una familia va a mudarse, debe dar de comer y beber al espíritu la noche antes para pedirle que abandone la casa y les acompañe, ya que la economía doméstica depende de él.

A pesar de que normalmente son espíritus benévolos, los Domovye también tienen un lado malicioso. Su afán por proteger a su familia puede llevarle a perjudicar a los vecinos, que no dudarán en conjurarle para que se marche. Para ello golpearán las paredes diciendo: Abuelo Domovoi, ayúdame a echar al intruso. Pero no todo son malas relaciones. En ocasiones dos Domovye vecinos pueden hacerse amigos, lo que acarreará ruidosas fiestas, especialmente durante el invierno, algo que los inquilinos no suelen ver con buenos ojos.

Cuando un Domovoi está descontento con la familia en la que vive, se divierte molestándoles: mueve objetos, rompe platos, ensucia el suelo de barro, golpea las ollas o gime. Si la familia sabe por qué no está contento, trata de solucionarlo, de lo contrario el problema irá en aumento. Cuando siente especial simpatía por alguien de la casa, le hará trenzas mientras duerme, pero si le cae mal, le dará pellizcos.

Si por la noche despiertas y escuchas ruidos en la habitación contigua que no deberían existir, no te asustes, quizá haya un Domovoi en tu casa.

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