UN REGALO COMO AMULETO DE BUENA SUERTE

En la sociedad celta, el intercambio de dones o regalos fue una costumbre muy arraigada.

Era frecuente, para demostrar la amistad, el amor o para establecer  jerarquías, entregar objetos de los que se estimaba, más que su valor material, la intención de quien los entregaba o la dificultad en conseguirlos. Unido al regalo iba siempre el deseo de que a través de el, los dioses a los que antes se le había encomendado, atrajeran hacia la persona a quien iba destinado, la suerte, la fortuna, o la salud… Deberíamos retomar toda esa antigua costumbre celta y regalar siempre con amor. Buscar con tiempo y con imaginación lo que de verdad puede necesitar la persona y convertir ese regalo en un portador de buena suerte. Bastara, para que así sea, desearlo con fuerza, y  poniendo las manos sobre ese regalo, pedirlo. Pedirles a los Dioses con palabras sencillas como “Que este regalo sea para (decir el nombre de la persona) a partir del momento en que se lo entregue, ayuda, protección y portador de buena suerte” Eso es magia. Apenas un gesto, un pensamiento, unas pocas palabras y sobre todo el deseo y la intención… y la suerte puede ir envuelta en papel de colores…

 

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